Conocidos en el yoga como samskaras y vasanas son el fundamento de tu carácter y guían tu destino desde la sombra del inconsciente.

Las palabras samskaras y vasanas expresan condicionamiento; la primera hace referencia a los más reactivos, más superficiales, con más tendencia a producir conductas y acciones y tienen, por tanto, más carga rajasica (energética); los segundos son más profundos e inconscientes, más pasivos por su mayor carga tamasica (inercia).

Ambos son como el cauce por donde siempre fluye el agua. Neurológicamente hablando son las conexiones que multitud de neuronas han establecido entre sí a fuerza de activarse juntas, creando lo que se conoce como redes neuronales, que fundamentan hábitos de pensamiento, de sentimiento y de comportamiento, que caracterizan tu forma de ser.

Estos condicionamientos, en términos generales, pueden ser agrupados en tres categorías:

  1. Condicionamientos rajasicos de agitación. Generan activación en todos los sentidos impulsándonos a la acción, al dinamismo, al movimiento físico y mental. Agitan, estimulan y excitan la mente, llevándonos a estados agudos (transitorios) o crónicos (modos de ser) caracterizados por la inquietud, la hiperactividad, la ambición, la irritación, la colera, la impulsividad, la impaciencia, la pasión, la dispersión, la ansiedad, etc. Nos proyectan al futuro, al cambio y al logro.
  2. Condicionamientos tamasicos de inercia. Tienden a producir inhibición, inactivación, pasividad y letargo. Producen tendencias de parálisis, apego y embotamiento mental y físico, llevándonos a la somnolencia, a la dificultad para atender y comprender, bien de forma transitoria o como tendencia caracterológica. Cuando somos presas de la activación de este tipo de condicionamiento nos volvemos, pasivos, pesados, torpes, apáticos, con desidia o desinterés, sin energía, sin ganas, tristes, deprimidos, sin ilusión, sin motivación, confusos, indiferentes, etc. Tendemos a quedarnos fijados en el pasado y nos resistimos al cambio y al aprendizaje.
  3. Condicionamientos satvicos de claridad y serenidad. Tienden a producir estados de lucidez, ligereza y tranquilidad. Nos mueven hacia la paz interior, el bienestar, la armonía y el equilibrio, la búsqueda del conocimiento y la sabiduría. La activación de estos condicionamientos produce estados temporales o duraderos (rasgos de personalidad) de alegría, serenidad, compasión, entusiasmo, motivación, claridad en el pensamiento, creatividad, consciencia y estabilidad de la atención, interés por aprender, por lo espiritual y trascendente, etc. Nos anclan al presente.

Todos experimentamos estados transitorios de cada una de los tres, ya que habitualmente, distintos estímulos de la vida activan más un tipo u otro. Así nos encontramos transitando por diferentes estados de ser y estar, que pueden convertirse en crónicos dando lugar al carácter, la forma de ser y la personalidad. Acabamos así, más identificados con condicionamientos satvicos, rajasicos o tamasicos.

No te será difícil empezar a reconocer que tipo de condicionamientos predominan en tu personalidad y en el de las personas cercanas que conoces bien. Es fácil deducir que los condicionamientos rajasicos y tamasicos estén asociados, especialmente cuando son intensos, a la experiencia del sufrimiento. La agitación, el exceso de pasión, la cólera, la ansiedad o, por el contrario, la apatía, la falta de atención, el desinterés y la tristeza, son estados perturbadores que nos hacen sufrir. Ambas tendencias nos mantienen en la superficie de la mente y crean tal ruido y opacidad en ella que perdemos la posibilidad de ser transparentes y conscientes al Ser que somos.

Toda condición patológica de la mente y de la persona se encuentra en la sobreexpresión de estos condicionamientos o huellas, creadas en ocasiones, por experiencias duras, difíciles o traumáticas. Un condicionamiento, más allá de los estrictamente biológicos de la supervivencia, no es más que una huella profunda producida por una experiencia intensa o por un hábito repetitivo de pensamiento, emoción o conducta, que crea un “cauce”, una red neurológica por la que tenderá a circular la información, la energía y la materia. A esta capacidad del cerebro de cambiar y estructurarse en función de las experiencias, se la conoce como neuroplasticidad.